Hace demasiados años para recordar la fecha, pero nunca serán demasiados para olvidar las palabras que Alfredo, el que fuese mi profesor de dibujo en el colegio, nos dijera una tarde cualquiera durante su clase. Hoy más que nunca comprendo la invitación que nos hizo.
Aquel día no tendríamos una clase de perspectiva isométrica, ni de sistema diédrico, aquel día recibiríamos una enseñanza más profunda. Para algunos de nosotros aquella tarde fue un paréntesis casi mágico que nos abrió una ventana a otro mundo.
—Hoy quiero contarles algo señores.-En tono casi solemne se dirigió a nosotros. Alfredo aún siendo muy joven siempre nos trataba con un respeto casi venerable, el mismo que exigía para su persona.
—Hace un par de años me asignaron un trabajo de restauración de una obra pictórica de relevancia. Al finalizar mi trabajo recibí una pingüe remuneración. Era un dinero de un trabajo extra que no esperaba recibir, así que me lancé de inmediato a cumplir un sueño: adentrarme en el Amazonas.
Con sus palabras captaba mi atención, mi imaginación por aquel entonces aún más cabalgante que hoy, se apresuro a imaginar las escenas que con pasión y entusiasmo nuestro profesor nos describía. En la pizarra nos dibujaba los poblados que visitó, los diferentes tipos de insectos… peligros, tribus ancestrales, aventura, la gran aventura de su vida.




