A pcoos kilómetros hacia el sur de Ríode Janeiro se encuentra Angras dos Reis. Es un una pequeña ciudad que descansa junto al mar rodeado de montañas. En su puerto me embarqué en una antigua goleta remodelada para el transporte a motor de viajeros hacia un paraíso natural conocido por Ilha Grande.
Una hora y media de travesía me permitió contemplar la gran belleza del paraje. Playas pareciendo escapar de la ferocidad de la selva atlántica que invade prácticamente toda la isla, barcos de pescadores, palmeras estirando sus cuerpos compitiendo por ver cuál alcanza más rayos del sol al día.
Por unos pocos reales navegaremos hasta la isla en una vieja goleta, remodelada para funcionar a motor. Navegando ya percibo el ambiente de calma total que emana de este vergel sensual tan cercano a la costa brasileña.
La embarcación me dejó en el muelle de madera de la única villa que existe en la isla: Vila do Abraao. El pueblito tiene escasamente tres cuadras de ancho y se estira afilándose por los costados siguiendo la línea costera. Conseguí una litera en un hostel frente al mar en la ruta hacia la Praia de Palmas.




