A las personas, a la mayoría de la sociedad nos cuesta aceptar el viento fresco, los “colores” que no conocemos. A veces somos como animales de lo esperado, de lo cotidiano oxidado. Mover esas mentes y sobre todos esos corazones atrapados en un click clack monótono y predecible es difícil. Pero eso no debe importarnos cuando nosotros sentimos la llamda de una voz personal y en muchos casos diferente. Justamente esa señal de ir, en algunos aspectos, contra corriente, debe ser motivo de reafirmarnos en nuestro camino. Considero el éxito como un estado presente y se mide con la satisfacción personal de saber que estamos siendo fieles a algo mucho más grande que lo “pactado”, que lo medido, que lo material, que lo coherente socialmente hablando.
Tal vez esta crisis económica y social, obligue a más de uno a dejar atrás la piel vieja para cruzar el umbral de lo estipulado, de lo que nos venden como lo más adecuado. Si queremos resultados nuevos debemos cambiar las variables de la ecuación que solemos repetir inconscientemente.
En el ruido hay confusión, distorsión, inercia…en el silencio encontraremos respuestas, claridad. No se puede “ver” si sólo sabemenos mirar. Se habla demasiado, se proyectan en el aire ideas que se pierden entre los pliegues de la almohada, se quiere tener controlado todo para poder dar un paso al frente. Nos da miedo “hacer” por temor al fracaso, por angustias heredadas por la educación y el entorno, que nos incitan a no actuar a no ser que tengamos garantía de perfección o éxito. Sin embargo la mera observación de la vida, nos enseña que todo cambia constantemente. Hay muchos pensamientos atrapando nuestra acción, muchos poetas sin mensaje, mucho verbo desgastado, mucho “héroe” maniatado.
Es por ello que ante cualquier cambio brusco, nuestras estructuras rígidas se quiebran y perdemos la línea de horizonte bajo espesas nubes de tormenta.
Ahora está de moda eso de ser emprendedor. La gente te habla de start ups, de sus planes de negocio, de un conocido que vendió la empresa por varios millones de dólares. Lo paradógico es que normalmente los que hablan de ello no tienen la determinación de emprender, no son personas constantes y luchadoras, tienden a la volatilidad gaseosa y en muchos casos piensan más en el resultado soñado: “vender por unos cuantos millones de dólares”, que en lo realmente importante, el proceso, el hecho de hacer lo que realmente uno ama, más allá del resultado final. El aprendizaje es el bagaje, el premio.
Intuyo que esta tendencia traerá muchos fracasos y muchas desilusiones. En la alquimia hay un proceso que se denomina pasar del “negro” al “blanco” ( a buen entendedor….). Hasta que muchos de los que se llenan la boca de palabras como emprender, términos como “start up”, no crucen su desierto y se llenen las botas de arena, no encontrarán el oásis que buscan. Sin foco, sin esfuerzo titánico no hay emprendimiento que se convierta en realidad, que tenga futuro. Ni emprendimiento, ni nada que contenga un valor cierto.
Tal vez si aprendemos a bailar con lo inesperado, con el cambio, nos vaya mejor en esta fiesta.
Imagen | AJ. LLORENS











